[Artículo] Yo fui un grunge kid (confesiones de un ‘metalero’ treintón)

Como tantos otros adolescentes de principios de los noventa, profundamente inseguro y con problemas de acné, yo era fan de Kurt Cobain. Ya esta, ya lo he soltado…

Soy perfectamente consciente que después de esta confesión, he perdido la poca credibilidad que tenía como crítico “metalero”. Me importa? a mi edad?! Nah. Siempre he escuchado lo que me ha dado la real gana, metiendo las narices en todos lados y no encajando en ningún sitio, con los artistas más torturados como dj residente en mi habitación.

Me desvirgué unos años antes con los suecos Europe (contaba ocho) y otras obras cumbre del rock superventas más superficial. La portada de mí segunda cinta de cassette tenía cinco calaveras dentro un cruz, no os digo más… Habrá gente con tattoos en las axilas y orejas de dumbo que no lo considere “metal”. A estas alturas, que llevo más años escuchando música que a la inversa, podéis imaginar lo que opino de estos temas. En cambio en esa época, mantener una identidad dentro las coordenadas de un género musical específico, era motivo de gran preocupación.

Desde el mismo instante que escuché los primeros acordes de “Teen Spirit” en aquel famoso videoclip, caí atrapado por la fuerza de la distorsión, la voz rota y el mugriento pelo rubio de Kurt. Fan en el sentido más literal, de grabar cintas vhs de la tele y pegar fotos de revistas en una carpeta forrada y con esquineras de latón. Me pregunto si aún se conserva esta sana costumbre estudiantil? Quizás sólo las niñitas de One Direction forren la tapa de su Samsung Gallaxy con fotos…

Aislados en una ventana del patio del colegio mientras otros niños jugaban a fútbol, los marginales compartíamos esa cinta de color negro (primera edición del “Nevermind”), soñando con prenderle fuego a aquella fábrica de mediocres y conformistas, con ese himno juvenil sonando por megafonía, mientras arrasábamos con mobiliario y maestros incluidos.

Si tienes inquietudes, crecer en un pueblecito de mierda no es fácil, otra de las cosas que compartía con el líder de Nirvana. Hasta recuerdo cuando años más tarde, vino Jennifer Finch con The Shocker, a tocar en la pequeña ciudad provinciana a la cual iba a la escuela. Dijo algo como: sé lo que es ser joven en un sitio así, yo también me crié en un pueblo.

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Jennifer “Precious” Finch en el videoclip ‘Doll Parts’ de Hole.

El “grunge” como moda que fue, tuvo unos parámetros más definidos como estética que como género musical. Mientras pareciese que no le dabas importancia al aseo y que comprabas la ropa en un rastro, todo tenía cabida dentro la etiqueta “grunge”, “grunger” o en su forma adjetivada “grungy”. Rock Setentero, Glam Rock, Heavy Metal, Punk descafeinado, etc… Estos re-inventores de la rueda en el gran negocio del rock, recicladores por antonomasia de acordes desgastados, lograron colarse en las emisoras universitarias y la “Empty TV” (Si entonces la llamaban así, no quiero saber lo que pensarían ahora). Me refiero a los orígenes de bandas como Pearl Jam (sus primeros tres discos fueron la Bíblia para un servidor); Alice In Chains, un grupo con un background claramente heavy metal (en su banda de instituto, Layne Stanley versionaba a Armored Saint!) incluso fueron teloneros de la gira Clash of The Titans; los sabbathianos Soundgarden (que alucinante era el video de “Jesus Christ Posse”!); por muy punk que fuese la actitud de L7, su riffs apestaban a jevi del malo, incluso los primeros Smashing Pumpkins andaban por derroteros psicodélicos… Todos ellos amoldaron sus directrices a lo que se les marcaban desde las multinacionales del entretenimiento (CBS/Epic, Columbia, Geffen, Virgin…) aunque reconozcámoslo, también grabaron alguno disco decente: Ten, Dirt, Badmotorfinger, Siamese Dream, Supperfuzz Bigmuff, Houdini, Live Through This, Fontanelle, Sweet Oblivion, Apple, Temple of the Dog, Above, Meat Puppets II… Todos ellos asociados a un lugar y momento de mi historia, y la de muchos (aunque no quieran reconocerlo)

En realidad los únicos grupos que consideraría estrictamente “grunge” serían Nirvana, Mudhoney y poco más… Melvins eran demasiado pesados y Dwarves demasiado subersivos. El resto modificaron su armario y adaptaron sus influencias por puro interés. Además, otras formaciones con un mensaje más radical no trascendieron la censura de la MTV, me refiero a 7 Year Bitch o Bikini Kill, ya en el reducto militante de las Riot Grrrls.

A pesar de tener predilección (casi sin alternativa posible en tv y entorno escolar) por el sonido Seattle, en el ’94 también empecé a escuchar cintas de hardcore-punk como si no hubiera un mañana. Años antes ya había probado con el thrash más típico: Metallica, Megadeth, Slayer, Sepultura, Kreator… visible a través de revistas metaleras, pero no había internet y los discos eran muuy caros, ya estamos otra vez hablando de la prehistoria (!!!)

En realidad los de mi generación (escucháis a The Who de fondo?) se iniciaron en el rock, punk, metal y similares, escuchando grupos de masas: Maiden, Metallica, Guns and Roses… (es un hecho estadístico, ahora me dirás que te desvirgaste con Cop Shoot Cop sonando de fondo???) Hoy algunos impúberes se estrenan con cosas como SDBM… no puede ser nada bueno.

Entrada triunfal en el Reading ’92

Hablando de depresión y suicido, la tristeza que nos contagió el maldito “grunge”, su desánimo, su apatía, su agobio existencial, representan la antítesis de lo que debería significar el rock and roll (tomando Motörhead, Sex Pistols o Hanoi Rocks como algunos de sus mejores embajadores.) Como puede alguien de 14 años estar tan amargado??!! si debería estar escuchando música, dando botes en conciertos y conociendo gente nueva. Pues no, fumando y compadeciéndose de si mismo en un rincón oscuro mientras suena “Polly” o “Something in the Way” oh fun, fun, fun

Sí, era realmente fácil tocar los cuatro acordes (“About a Girl” tiene dos) de las canciones de Nirvana. Primero en canal limpio y luego en distorsión, la fórmula de prácticamente todo su catálogo. Igual que el título de una de sus caras b “versus chorus versus” y vuelta a empezar. Algo perfecto para cualquier guitarrista novel. Sin solos ni rellenos ni complicaciones. Sobrevalorados? por supuesto! pero Nirvana no competían en la misma liga que Extreme, Def Leppard y otros dinosaurios, ni tan siquiera estamos hablando del mismo deporte!

Dicen que Kurt fue la voz de la Generación X (alienado y heroinómano, realmente es el candidato perfecto), aquella que no encontraba su lugar en el mundo, se refugiaba en las drogas y que quedó retratada en “Historias del Kronen” con todos los estereotipos del cine. Kurt cantaba para los “raritos” de la clase, los tímidos, los demasiado gordos o demasiado delgados, los que no se les daba bien el deporte y no tenían claro que querían estudiar (o si tan siquiera querían hacerlo)… Todos empatizaban con sus frustraciones. Su voz desgarrada transmitía un dolor sincero, del que ha dormido bajo un puente y ha empeñado su guitarra. Un mes antes de terminar la grabación de “Nevermind” lo desahuciaron y tuvo que recurrir a un coche como hogar. Hijo de padres divorciados y tíos suicidas. Víctima del “bullying” antes que se inventara, no tuvo que fingir ningún trauma. Este personaje, asaltado por una fama tan buscada como repudiada (con final de novela policíaca), es demasiado complejo, errático, contradictorio y genial cómo para analizarlo en cuatro líneas. Con una rutina de pastillas, agujas y bilis… terminó su fugaz carrera refugiado en sórdidos moteles de la avenida Aurora de Seattle, para pincharse a gusto y comer patatas fritas sin que le molestaran. Huyendo de su personaje. Incapaz de reinventarse, sólo de escapar.

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1990. Cuando Kurt sólo podía permitirse destrozar epiphones.

En muchas entrevistas, Kurt, Krist y Dave demostraban una arrogancia que les elevaba a la categoría de auténticos gilipollas. Monas rebeldes de un circo mediático que les ultrapasó. Incapaces de defender en directo el increíble sonido de su segundo disco. Se dice que llegaron a ensayar 10 horas diarias durante medio año (practice makes perfect but nobody’s perfect), para preparar las sesiones de “Nevermind”. Me gustaría saber cuantas tomas hicieron falta para cada canción. Butch Vig, el productor de “Nevermind” y artífice de lo que vino después, confiesa a toro pasado, que trabajar con Kurt Cobain fue un auténtico grano en el culo. No me extraña. A pesar de dedicar tantas horas al ensayo, verlos en el Paramount Theatre produce vergüenza ajena, parecen una banda de instituto tocando en la fiesta de fin de curso. Esta claro que necesitaban un segundo guitarra desesperadamente. Ni Dave Grohl es capaz de sacarlo adelante. Es inegable que con él hicieron el fichaje del siglo. Serían los nervios de la grabación, el peso de la fama… o lo que sea que se metieron en el camerino. En cambio en otros conciertos de la gira del ’91, o su memorable actuación en el Reading al siguiente, suenan increíblemente compactos. Ei! que incluso parece que se lo están pasando bien.

El trio de Seattle aglutinaba a todo tipo de público: desde alternativos, pijos, pseudo-punks, a jevis melenudos… Pero por alternativos que se las dieran, Nirvana llegó a ser un grupo de los de “arena rock” que tanto criticaban. Ver la edición de Rock in Rio ’93 aún me sorprende. Cuando vinieron a España tocaron en Palacios de Deportes y Plazas de Toros. Hoy llenar algunos de estos recintos, aún montando un festival, es impensable.

Nirvana estaban a medio camino entre la austeridad cromática de Ramones y las bacanales psicotrópicas de Aerosmith. Eran rockstars que renegaban de ello. Su rock pasó de locales mohosos y salas decrépitas a las pasarelas de moda de todo el mundo. Fueron tan necesarios como insufribles después. Necesarios porque nos purgaron de todo el glam-metal, jevi pasteloso y moñerías de finales de los ’80. Pero también se cargaron a un montón de buenas bandas que fueron estigmatizadas por los medios. Otras como Poison, Warrant, Extreme… se lo ganaron a pulso.

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El revival “grunge”, esponsorizado por las grandes marcas, esperando su regreso.

Geffen Records sacó el bombazo “Nevermind”, la misma compañía que trabajaba con Guns N’ Roses. Luego Nirvana se hacían el harakiri cuando se les etiquetaban de mainstream. Este debió ser uno de los discos mejor promocionados de la historia. Eso si que era marketing y no los anuncios a 18 euros de Facebook. Empapelar todos los putos puentes en la entrada de Barcelona con el niño en la piscina. Joder, esas cosas ya no se ven! La gente ya no sabe lo que es recorrerse con el cubo y la fregona los muros de la ciudad. Ahora comparten su evento en las redes, desde la silla del trabajo y listos.

En 2014, Nirvana entró en el Rock And Roll Hall of Fame. Si amigos, hace años que el rock pasó a las vitrinas de un museo, y los niños que soñábamos ser cómo nuestros ídolos, viajar por el mundo, tocar en salas petadas, romper instrumentos que no podíamos comprar, quedar inconscientes en el suelo de hoteles y levantarnos por la mañana con desconocidas, ahora peinamos canas y hasta cambiamos pañales. Somos una década más viejos que Kurt. Dios! de haber sobrevivido rozaría los 50! Que asco cumplir años!!! que asco…

Aunque no he vuelto a tocar uno de los cedés de Screaming Trees, Hole, Babes in Toyland, L7… forman parte de un momento (que escuchar música no es una etapa, almenos no para mi) del que no puedo renegar. Sería estúpido, incluso más de lo que era con catorce años, en que me creía supercool por vestir camisas de cuadros con zapatillas all stars y walkman. En verdad no era más que otro niño aborregado por la tele, mitómano y desesperado por hacerse con una identidad, ya sabéis.

Acumulando polvo...

Acumulando polvo…

A veces escuchaba “El Diario Pop” en Radio 3 o “El Soterrani” en Catalunya Radio la madrugada de los sábados. Mientras sonaban “tostones” del calibre de Teenage Fan Club, Pavement o Yo La Tengo… te convencían que Heroes del Silencio (el grupo español más exportable en ese momento) eran basura y Thurston Moore = Dios. Me lo creí. Iron Maiden tampoco salían bien parados; predecibles e infantiles a ojos del indie gafapasta con un doctorado en lofi. Hoy Bruce Dickinson se pasea en su Boing privado y las estrellas de cine lucen camisetas skinny fit debidamente pre-lavadas del “Number of the Beast” (Horror! antes Maiden era el grupo de los kinkis de mi barrio) A pesar de todo, Sonic Youth me siguen gustando, Maiden nunca dejaron de hacerlo. Cual es el problema?!

Imagino que la juventud actual que compra MondoSonoro o Rockdelux (y los no tan jóvenes), tendrá a Cobain por un mito. Ser un jodido yonqui suicida tiene su lado glamuroso. Primero fue Andrew Wood, luego River Phoenix y Layne Stanley siguió la lista de heroinómanos muertos y famosos. Aunque films como el de Gus Van Sant o este último documental “Montage of Heck” (un buen montaje, sí señor) enfatizan sus adicciones y tendencias suicidas, contribuyen en gran medida a su beatificación en ese supuesto Olimpo del Rock. Los videos caseros de su infancia y la propia voz de Kurt narrando sus primeras experiencias con los porros y el sexo, lo deja a uno tocado. Las imágenes de Courtney grabándole, tirado delante un cubo y haciendo bromas sobre su afición por las agujas, aún más. Lo de esta pareja y sus escándalos en la prensa rosa, que si pinchaba durante el embarazo y demás rumores, fue realmente insoportable.

No me cabe duda que Kurt fue un artista único (la portada de “Incesticide” es suya, además de otras pinturas y collage), pero la verdad es que disfrutaba más viendo a Phil Anselmo joderse la espalda que a un tipo canijo, pálido y estático en el escenario. Recordemos que a mediados de los 90, fue la época en que White Zombie, NIN y más tarde Marilyn Manson reinventaban el concepto de espectáculo y de paso escandalizaban a la América puritana (algo no demasiado difícil de conseguir). No había punto de comparación entre las dos ofertas.

Diseño del interior del CD de “In Utero”. Kurt estaba fascinado por el cuerpo humano y el proceso de reproducción.

Durante la gira europea del ’94, Kurt ya estaba muy hundido. En Roma se metió una sobredosis de Rohypnol que lo dejó a las puertas del otro barrio. Viajaba por separado del resto del grupo y se aislaba en el lujo de los mejores hoteles, hasta el momento de la actuación. Durante el concierto, Kurt no se movía de sitio. Conservaba su voz, a pesar de la bronquitis y su extrema delgadez.

Después del suicidio el 5 de Abril del ’94 todo cambió. Lloré y destrocé parte del mobiliario de mi habitación (puerta, cama y ventana pagaron la inestabilidad emocional de aquellos años) Compré la Rolling Stone y me sumé a un duelo multitudinario. Las fotos de parte de su cuerpo tendido en el suelo (del invernadero), no admitían duda. Hay gente que pagaría para ver el rostro desfigurado de una “celebrity”, caso de Lady Di (otra pobre mártir de la cultura occidental, ejem), pero nunca he sido fan de la monarquía.

También se habló sobre la posibilidad que hubiese sido un asesinato. Muchos no pudieron asimilar que su ídolo se pegase un tiro con una escopeta. La gente necesita caras guapas a las que idolatrar, o creéis que Buzz Osborne hubiese llenado tantas revistas? Muchos intentaron sacar tajada por supuesto. Existe mucha literatura barata y almenos dos documentales que sostienen esta hipótesis “Kurt & Courtney” (1998) y “Soaked in Bleach” (2015). Por lo visto, la dosis que se metió, le hubiese dejado incapacitado para darle al gatillo. Suicidio o no, Kurt esta muerto. Tampoco hay testimonios que afirmen haberse cruzado con él en un Seven-Eleven como sucede con el fantasma de Elvis.

En todos sitios, aparecía gente con camisetas de Kurt y la fecha de su óbito, que no sabían más que un par de canciones. Y en poco menos de un año, el “grunge” ya en pleno resacón, con parodias como Candlebox, Bush o los críos australianos Silverchair subidos en el último vagón, desapareció para no volver (thanks God!). Es probable que el “grunge” muriese incluso antes que Kurt, no sólo por la famosa camiseta de “grunge is dead” sino porque el grupo, buscando nuevas vías entre el noise-rock y el unplugged, estaba al borde de la extinción.

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Nirvana: devorando cáncer y destilando fetos en plató.

Green Day y The Offspring asomaban la cabeza para dar paso a la próxima “revolución” adolescente televisada por la MTV. Creo que la mayoría de esos grupos, excepto Pearl Jam y Melvins, se separaron.

En realidad la cosa duró bien poco. Enseguida todos pasamos a otras historias. Este no un proceso de medio siglo que se estudie en la facultad de Historia y que lleve un semestre en comprender. Tres, cuatro años de máxima efervescencia, y pum… fuera!

Así, una cosa llevó a la otra y después de Nirvana y Sonic Youth vino el hardcore, el rock escandinavo, toneladas de black metal (que en su día me parecía cosa de risa), gótico de todo pelaje y mierda industrial hasta acumular una abultada colección.

Nirvana fueron grandes; como suele decirse, un soplo de aire fresco. Escucho “Bleach”, un disco que arrastra al fango los riffs de Sabbath y los exorciza con la crudeza del punk; o las canciones de “Nevermind” como “Come as you are”, “Breed”, “Lithium”, “Drain You”… que siguen sonando tan frescas y pegadizas como el primer día. Ya lo dijo Lemmy; da igual lo que escuches, lo primero es lo que te marca y poner “Nevermind” es volver al cole, como si no hubieran recibos que pagar ni heridas emocionales que lamerse; como nada importante hubiese ocurrido después.

Personalmente veo a Nirvana más un medio que un fin. La forma de calmar nuestra angustia adolescente, darnos un nombre entre el rebaño y descubrir un mundo en el que conviven punk-rockers, metalheads, ruidistas industriales, cantautores folk y melodías pop como en algunos de los discos favoritos de Kurt: P.J. Harvey, Butthole Surfers, Swans y un largo etc..

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Vistas a la estación de tren en “the town that they forgot to close down.”

No ha sido sino con los años que he podido darme cuenta de todo el potencial que encierra “In Utero”, un disco ruidoso, incómodo (su sello no quería saber nada de Steve Albini) lleno de rabia, ironía y causticidad (el título original era “I Hate Myself and I Want to Die”). Cuando lo compré en el ’93 buscaba el single fácil (Heart-Shaped Box, Rape Me, Pennyroyal Tea). Un álbum escrito por un letrista excepcional, al que le quedaban menos de dos telediarios.

Para el recuerdo quedan discos, biografías ilustradas, entradas de conciertos: STP, Redd Kross, Hole, Sonic Youth, Beck, Helmet, L7… y demás memorabilia. Otros más borrosos: las paredes empapeladas de una habitación con fotos y recortes de prensa, las primeras borracheras severas, aquel cigarrillo que sabía mejor en los lavabos del cole, saltar las barreras del metro de Marina y esos amigos “para siempre” de los que no has vuelto a saber…

Nirvana me jodieron casi cuatro años de mi juventud. Me contagiaron su desazón y empatía. A cambio, me dejaron la banda sonora del recreo (junto pearl jam, maiden, megadeth…) y otros sitios que pisaba a diario. Sus discos, ahora remasterizados, están llenos de imágenes. Kurt, al igual que Dean, Jones o Morrison no envejecerá nunca. Y mis recuerdos tampoco.

Pongo una de sus canciones aleatoriamente y me viene a la cabeza aquella estación de tren, el bar de un hotel con grandes sillones y tragaperras, un parque solitario… creo que algo me marcaron, no? Solamente el hecho de escribir sobre ello 20 años más tarde, ya es bastante sintomático, creo yo.

I think am dumb. Pues eso, tonto (y feliz) como antaño.

K.

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5 pensamientos en “[Artículo] Yo fui un grunge kid (confesiones de un ‘metalero’ treintón)

  1. Increíbles palabras para resumir con efectividad tu biografía personal sobre la simbiosis tan particular que se forma entre el adolescente y la música.
    Aunque en un principio pueda abrumar su tremenda extensión fue, sin lugar a dudas, una lectura espléndida.

  2. Muchas gracias Nuel!!! Esta claro que no es lo mismo empezar a escuchar rock, punk o metal con 12 años que con 30. Puedes apreciar la música a nivel técnico pero el contexto, bagaje y estado anímico personal son muy distintos. Existe una carga extramusical muy elevada, sobretodo en la adolescencia que es una época tan crítica. Tengo un montón de discos asociados a imágenes y momentos concretos de mi pasado como Appetite for Destruction, Ten, Nevermind, Dirt, Master of Puppets, Arise, Countdown to Extinction, Far Beyond Driven, Orgasmatron, Nevermind The Bollocks, Fear of the Dark, The Downward Spiral… Ya sabes que no soy de los que se estancan, pero es difícil que pueda volver a sentir lo mismo que cuando descubrí estos discos… Y sí, me he extendido mucho jajajaja

  3. realmente mi punto de partida fueron guns n’ roses, o mejor dicho europe del final!… el problema es que aún no me compraba la ropa lol nirvana ya me pilló con paga semanal…

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