Música para las estaciones (Parte 1): 15 Discos para escuchar en Otoño.

Ahora que hace sólo unos pocos días entramos en Otoño, el mes del vino y de los difuntos, me apetece publicar la primera parte de una serie de cuatro artículos dedicados a la relación entre la música y las estaciones.Cada periodo vital tiene su banda sonora y como todo lo bello en este mundo, las estaciones también disponen de ritmo y sonido per se. Por ejemplo, el crujido al pisar las hojas muertas en un paseo a mediados de otoño o el alboroto de los insectos en primavera, generan una serie de relaciones inequívocas entre nuestros sentidos.Las estaciones como acontecimientos cíclicos, están marcadas por las celebraciones y las fechas trágicas, por el trabajo y el descanso, que se repiten a lo largo de nuestra existencia. Lo que ha de suceder está inevitablemente marcado por lo ya acontecido, etc… Aun así también hay bebés que nacen en los meses de más frío o gente que muere en Junio (si, un giño fácil a uno de mis grupos favoritos)

Sabemos que el tiempo influye sobre nuestro estado anímico, actuando como una “falacia patética” interiorizada, la música también. Es más, esta es una de sus propiedades que más adoro, la manipulación voluntaria del propio estado anímico. De este modo en Otoño me dejo atrapar por el rock gótico, el neofolk, el shoegaze británico, la nostalgia del Fado o el Romanticismo de clásicos como Chopin, Wagner, Rachmaninoff o Prokófiev. En invierno me apetece perderme en algún bosque escuchando dark ambient, doom depresivo o black metal añejo. Mientras que en verano soy más proclive al metal clásico, thrash, hardcore, el hard-rock más festivo o incluso a la música brasileira.

He redactado cuatro listas comentando los discos que aparecen en ellas, la mayoría clásicos desde mi punto de vista. La relación de estos álbumes con cada estación se basa en varios factores ya sea por su temática, a través de los títulos, imágenes de portada o simplemente por que evocan un recuerdo vivido que merece ser recordado. Empecemos por el Otoño.

Por orden cronológico

1. Paradise Lost – Gothic (Peaceville, 1991)

La piedra angular del gothic doom. Un álbum que se aleja del death metal algo impersonal que practicaron hasta la fecha, para ofrecernos una colección de voces guturales y acordes depresivos cohesionados en estructuras más propias de canciones que de la amalgama de riffs death-metaleros grabados anteriormente. En el tema “The painless” (antiguo nombre de la formación) se añadieron teclados y una voz femenina creando una atmósfera única. Los posteriores “Icon” y en menor medida “Draconian Times” representan la cumbre del género.

 

 

2. My Dying Bride – Turn loose the swans (Peaceville, 1993)

Los primeros años noventa resultaron muy fructíferos para los grupos del sello Peaceville. Este álbum junto a “The Angel and the dark river” (1995) y “Like Gods of the sun” (1996) son los más memorables de la discografía de la esposa moribunda. Cargados de un oscuro misticismo barroco cuasi oriental, temas como “Your River”, o “The songless bird” insuflan a tus oídos proyecciones en una macabra galería sobre el sufrimiento, la fe en estado de cuarentena y otras enfermedades venéreas. Uno adopta la pose del espectador que aterrorizado contempla como su carne se marchita en el cambio de estación para deleitarse de una forma trágica. Recuerdo una época que fui incapaz de escuchar un solo tema de esta grabación, por suerte recuperé mi apetito de sangre y tinieblas.

 

3. The 3rd and the mortal – Tears laid in earth (Voices of Wonder, 1994)

La portada, de forma muy acertada, muestra un pequeño árbol de hojas anaranjadas delante de un oscuro bosque. La música resulta de lo más apropiada para dar un paseo por un valle otoñal con el suelo cubierto de hojas muertas, disfrutando de los últimos rayos de luz del verano y sintiendo en la cara los primeros vientos del norte. Imperecedero.

 

 

 

 

4. Anathema – The silent enigma. (Peaceville, 1995)

Otro gran disco de death doom metal. Quizás nos sea el más celebrado entre sus seguidores, las entregas anteriores con Darren White son insuperables y las posteriores alcanzan cotas de calidad (alejándose del doom) notables, pero este fue mi primer acercamiento al grupo de Liverpool. Sus letras incluyen todos los clichés del romanticismo adolescente aunque siempre apetece rescatar temas como “Sunset of the age” o “A dying wish” una vez bien entrado el Otoño.

 

 

 

5. In The Woods… – Heart of the ages (Misanthropy Records, 1995)

Un álbum épico que rebasa los confines del universo Black metal. Romanticismo y clasicismo a ultranza. Junto a Ulver uno de los grupos noruegos imprescindibles de los noventa. Desde la portada hasta su temática todo evoca a un deseo romántico de retorno a un bello, aunque mitificado en demasía, pasado. Mientras la voz se encuentra entro lo gutural y la furia, el teclado trabaja a favor de la creación de deliciosas atmósferas melancólicas. “Heart of the ages” es un tesoro y su valor es el de ser testimonio sonoro de una época, el de la evolución del black metal mitades de los noventa a otras corrientes vanguardistas.

 

 

6. Theatre of Tragedy – Theatre of Tragedy (Massacre Records, 1995)

Para bien o para mal el disco debut de TOT contiene todos los tópicos del gothic metal, un estilo que como precursores ayudaron a definir, creando una tipología de grupo (con legiones de imitadores) basado en la yuxtaposición de voz femenina (dulce y aguda) y masculina (de timbre grave) además de los característicos ritmos lentos del doom, riffs de guitarra afilados y teclados de corte clásico. Mis temas favoritos como “Cheerful Dirge” y sobretodo “…a distance there is” con el piano, la voz de Liv Kristine y la lluvia cayendo de fondo fueron compuestos para degustarse en una fría tarde de otoño.

 

 

7. The Gathering – Mandylion (Century Media, 1995)

Que recuerdos! Aunque descubrí a este fabuloso grupo holandés un par de años más tarde, este es uno de aquellos discos que dieron sentido a mis días de adolescencia y que uno agradece haberlo podido descubrir y compartir con sus amigos. Una obra que forma parte de una época irrepetible que ya empieza a quedar muy lejana (ya van diecisiete años!). En el disco destaca la participación de la gran Anneke van Giersbergen, su voz, carisma y positivismo hacen de “Mandylion” un disco excepcional. Cuan superior respecto a sus dos aburridos antecesores resulta el contenido de este “Mandylion” que rebasa los parámetros musicales establecidos de la época. Los temas se construyeron sobre una sólida base de guitarras y teclados para dar protagonismo absoluto a la maravillosa voz de Anneke. La música resulta una mezcla de melancolía, ambientes de ensoñación y efusiones de vitalismo exacerbado a base de ritmos contagiosos. Todo es memorable en este disco, la fuerza de la imponente “Strange Machines”, el vuelo nocturno de los acordes de “Eléanor”. Uno se pregunta como una letra tan depresiva como la de “In motion #1” que dice “kill me with your thoughts, use your mind, hand me over to this world, into death…” puede resultar bonita saliendo de la boca de Anneke. La belleza y espontaneidad de esta gran artista es simplemente fascinante. La mejor vocalista que se haya situado frente a un grupo de doom metal.

8. Type O Negative – October Rust (Roadrunner Records, 1996)

La sensual voz del malogrado Pete Steele y los cristalinos teclados del gran productor Josh Silver llenan este disco (en mi opinión inferior a “Bloody Kisses”) de buenos momentos. Temas como “Red Water” o “Love you to death” son para ser saboreados en un una habitación llena de velas (a ser posible) en compañía femenina y una copa de vino tinto en la mano.

 

 

 

9. October Tide – Rain without end (Vic Records, 1997)

Proyecto de death-doom melódico de Jonas Renske con un tratamiento parecido al “Brave Murder Day” de Katatonia. Música sin un atavismo de felicidad solo apta para corazones grises.

 

 

 

 

10. Novembre – Novembrine Waltz (Century Media, 2001)

Uno de los mejores momentos de este grupo italiano tan especial. No resulta tan redondo como su “Classica” no tiene momentos tan mágicos como “Dreams D’Azur” ni es tan denso como “Materia” pero destila la misma esencia embriagadora. Incluso el nombre de grupo y el disco apuntan al mes otoñal. Metal atemporal para eclécticos gourmets de romanticismo sonoro.

 

 

 

Otros

Arcana – Inner Pale Sun (2002)

Depresión y belleza se dan la mano en un frio mar de calma. Definitivamente la música de Arcana nunca será utilizada para fiestas de aniversario.

Opeth – Damnation (2003)

Formo parte de la gran mayoría de seguidores de Opeth que empezaron a escucharlos a raíz de su “Blackwater Park” y quedaron hechizados por la polivalente habilidad compositiva de “Bleak” y los cálidos acordes de “Harvest”. De fácil escucha, “Damnation” es el primer álbum enteramente acústico de los suecos. Cortes como “Ending credits”, “In my time of need” o la lisérgica “Weakness” componen un disco donde la tónica es la música relajada, llena de emoción con reminiscencias folk y al rock progresivo setentero para pichar en tu tocadiscos cerca de una alumbre una perezosa tarde de domingo.

Klimt 1918 – Undressed momento (2003)

Podía haberlo situado en cualquier estación pues el disco contiene momentos de vibrante exaltación vital y añoranza a la par. Creo que una buena definición podría ser “música para adolescentes con alma de viejo” (o a la inversa). Lo coloco en Otoño púes es cuando lo descubrí y a cada nueva escucha me traslada a unos días muy añorados.

Autumn’s Grey Solace – Shades of Grey (2007)

AGS es un grupo americano de ethereal wave con influencias de Cocteau Twins y en menor medida de Dead Can Dance. La voz de Erin Welton es dulce y melodiosa. Es probable que “Shades of Grey” no sea el álbum más memorable del género, pero su escucha se hace agradable y contrariamente a su nombre puede llegar a aportar un poco de luz en un día gris de Otoño.

Trinithos – 333 (2008)

He incluido este disco simplemente porque “Nordwind” me parece todo un himno, una de las más grandes piezas que haya dado el neo-folk. “333” también incluye una versión tecno de este tema, que lamentablemente destroza toda la magia (como se les ocurrió!?)

El uso de teclados en “Hochzeit zwischen Hagalaz und Ostara” me recuerda a los primeros intentos de hacer música ambient derivada del black metal (Mortiis, Vinterriket…). El resto son canciones de guitarra acústica y enfoque similar a Forseti pero sin tanta fortuna.

“333” es el único material publicado por Trinithos, parece como si hubieran grabado todo lo compuesto por la banda. Un disco lleno de altibajos que más que fusión es una mezcla de estilos (neo-folk, martial, dark ambient incluso techno) Aun así me apetece escucharlo de vez en cuando, sobre todo por el tema “Nordwind” cuando el calor del verano ha remitido.

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